A tres años de que tomó posesión, literalmente, de este país…

A tres años de que tomó posesión, literalmente, de este país…

A tres años de que tomó posesión, literalmente, de este país…

Hoy como nunca me siento ya irreversiblemente convencido de lo imposible que es concientizar a quien no tiene las herramientas para ser concientizado. Ese convencimiento se torna dramático cuando se trata de la mayoría de la población de todo un país y de algo de trascendencia inmensurable. Efectivamente hoy, día en que he perdido absolutamente todo indicio de estamina para seguir denunciando una realidad que en nada voy a cambiar, es quizás pertinente que me recuerde a mi mismo estas líneas que desde hace un par de años escribí, irónicamente a favor de mi propio convencimiento.

“ALEA IACTA EST”

Un país es tan rico o tan pobre en proporción matemática a su nivel de educación. Nuestro amado México es pobre, muy pobre, en tanto cuanto la educación de su pueblo es igualmente así, muy pobre, siendo esto último la causa y lo primero el efecto.

Suena quizás fuerte pero la carencia absoluta de educación del núcleo poblacional mayoritario de este país subordina todo y explica en esencia como un individuo como el Sr. López fue capaz de acceder al máximo peldaño que le permite mandar y manipular, y no propiamente “gobernar”, a la propia gente que lo llevó a esa misma posición, a su vez condenándola a la miseria, primicia siempre presente en el reino de la pobreza, de la maldita pobreza. Esa misma circunstancia es la que ha permitido que hoy, a pesar de todo, continúe con más que aceptables niveles de popularidad.

Es más que claro que el susodicho “elegido” nunca buscó la justicia social para ese “pueblo”, sino tan solo perpetuar su ignorancia a favor de la consecuente permanencia, directa o indirectamente, de su siniestro “mandato”, que es en realidad lo último que sus acciones y omisiones constituyen: el cumplimiento de un mandato.

López es un “mandatario” sin “mandante” y el lo sabe, pero lo que más sabe, a pesar de su propia propia mórbida ignorancia, es que a menor educación, mayor perpetuidad en el ejercicio del poder; ese, el del “poder por el poder”.

Manifestado lo anterior, hoy en definitiva me he percatado entonces que cualesquier actividades de proselitismo en redes sociales y en otros medios de comunicación son absolutamente inútiles, un despropósito total, máxime que ese pobre pueblo ignorante no actuará en contra del manipulador y continuará subordinándose a este hasta que toque fondo, un fondo tan profundo que solo se alcanzará hasta que le cale el hambre, hasta que se “raye” en la mismísima miseria, sabedor uno de que solo el hambre y la pobreza extrema despiertan al notoriamente ignorante.

Es como el “vicio del consentimiento” en el ámbito del derecho, aquel que se conceptualiza como “lesión”: aprovecharse de la extrema ignorancia o de la notoria necesidad del semejante. Si, eso precisamente hizo, hace y seguirá haciendo el Sr. López hasta exprimir la jerga del cinismo a más no poder: aprovecharse de la extrema ignorancia de las mayorías sedientas de un cambio y de la notoria necesidad de acabar con un sistema mórbidamente corrupto.

Así las cosas, cada día tengo mayor claridad que mi despliegue en redes sociales a favor de la concientización ha resultado y resulta un absoluto despropósito: quien me lee ahí es “mi audiencia”, la gente con elementales tablas educativas que, por ende, no constituye “la audiencia” a la que debo despertar o concientizar, la cual, en todo caso, no está construida para entenderme….solo será el hambre y una pobreza indigna la que, ya a destiempo, logrará en todo caso poner un freno definitivo a la hecatombe. En resumen, es demasiado tarde y el pueblo “mandante” ha sido irremediablemente condenado por el “mandatario”. La ignorancia sin remedio es una condena a la miseria perpetua.

Pobre del México de hoy: su pecado es la ignorancia; su condena es la pobreza; su eventual despertar es el hambre y la propia pobreza, una vez que esta alcance su nivel más mórbido. Que destructivo y cruel círculo vicioso! Lo siento profundamente por ti, querido pueblo de México, más aún bajo la experiencia del aprecio que te guardo.

Alea iacta est.

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